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17 de junio de 2011

Rila Monastery. Days 108-109


 Days 108-109:

One of its last performances

I had been in Rila Monastery 2 years ago in my previous visit to this beautiful country, and I knew it would be a nice one-day trip for my family in their short time here. With one thousand years of history, being one of the most important cultural and religious centres in South-East Europe. The Monastery is a “must-see” if you come to Sofia and have the chance to travel the hour and a half (by car) to get the place, hidden in the mountains. We went there with the renewed Golf, which was running perfect. My family enjoyed with the views to Rila Mountains, the isolated villages near the road, and of course: the Monastery. Although the entrance to the complex is free, we paid a expensive fee to access to the museum, which has tens of very old pieces from medieval times. Rafail's cross, which was made during 12 long years by a monk (until he lost his sight) is the most impressive thing. My family tasted their first “kebapche” and “kiufte” with “lutenitza” sauce, part of our basic diet here in Bulgaria. 

Rila Monastery


Happy Claudia at Happy restaurant
Once back in Sofia, Claudia had the opportunity to visit Pacas and Monroy’s flat, and to play with the PS2 (what a discovery for her!). The day ended with a dinner (all together) in the fantastic pizzeria Ugo. On Tuesday morning, we walked around the city centre, where they could buy some freak souvenirs like communist stuff, but also the Russian typical “matrioskas” and other innocent presents. We had lunch in “Happy” restaurant, another good place to eat for around 8-10 € (luxury for us, comparing it with what are we accustomed to), and they flew back to Spain. Short time here for my family, fucking air-controllers!!

3 de enero de 2011

Musala (Montañas de Rila). Día 50

Día 50:

Comienzo de la ruta...Borovets
Me despierto a las 8 de la mañana con un mensaje de Lubo en el móvil: “Marcos, al final no voy. Pásalo bien.”. He de decir que leer esto, aunque era esperado, me alivió. Lubo es un gran tipo, de eso no cabe duda, pero me daba cierto yuyu emboscarme con él en esta ruta, en estas condiciones. Tras una hora de carretera, a las 9.30 estoy en Borovets, la más concurrida estación invernal de Bulgaria (junto con Bansko). Casi todo está cerrado aquí, y no hay gente por las calles. Aparco junto al que creo que es el comienzo de la ruta, que no está señalizado. Está situado a 1.300 metros de altitud. No hay ningún coche alrededor, lo que indica que probablemente no me encuentre a nadie en el camino.  La pista está muy marcada, ya que es la que usan los vehículos de la estación de ski para el mantenimiento de las pistas superiores. No hay pérdida. La primera hora y media de caminata es bastante lúgubre y fría, ya que transcurre en un apabullante bosque de pinos que bloquean los rayos de luz varios metros por encima de mi cabeza, donde sólo veo niebla y copas de árboles. El bosque es tan profundo y espeso, que se agradece que el camino sea una pista forestal y no un estrecho sendero. El suelo tiene una fina capa de nieve, que en su superficie es auténtico hielo. 

Y por fin comencé a salir del frondoso bosque...

Cuando (¡al fin!) comienzo a salir del bosque, el sol lo ilumina todo repentinamente. Esto, por tontería que parezca, me animó muchísimo, pues hasta ese momento no tenía muchas esperanzas de que fuese posible llegar a la cima del Musala. Realmente tenía muy pocas, incluso de llegar hasta el refugio, situado a 2.450 metros de altitud. Y es que una vez que dejo a mis espaldas el frondoso pinar y la espesa niebla, todo parece más fácil de repente. Paso cerca de la estación superior del telesilla Yastrebets, que es el punto más alto de la estación. Unos operarios están cambiando unos cables cerca de allí, así que aprovecho para preguntarles si voy en la dirección correcta. Ellos se quedan bastante sorprendidos de verme andando por aquí, aunque para mí supone otra bocanada de ánimo que me confirmen que voy bien. Paradójicamente, a partir de este momento pierdo de vista el camino, y sigo simplemente ascendiendo la ladera de la montaña en la dirección que intuyo correcta. Durante bastante rato sigo unas pisadas de perro que se van colando con habilidad entre numerosos arbustos y charcos de fango-nieve. Tal vez las huellas eran de otro animal, pero yo en ese momento preferí pensar que eran de perro por mi propia tranquilidad (aunque tiene chiste… ¿qué va a hacer un perro por aquí, sólo?). 

Poco antes de encontrarme con los trabajadores... las rodadas eran suyas

Musala Hut... según le ví
Cuando llego al Musala Hut (refugio), a eso de la 12.15, hago mi primer descanso en toda la mañana. Aprovecho para entrar dentro, donde me encuentro a los dos guardas jugando unas cartas junto a la lumbre. Me miran con cara rara, sin decir nada. Trato de entenderme con ellos, pero no hay forma, sólo hablan búlgaro. Trato de preguntarles (por señas) si hay alguien más de camino a la cumbre, pero no me comprenden. Me conformo con pedirles un cuchillo y una Coca Cola, y me hago un buen bocata. 20 minutos después vuelvo al camino, ahora sí, bien marcado y directo a la cima. A medida que subo la visibilidad es menor a causa de la neblina que envuelve al macizo, y la nieve más profunda.


Pasando junto a uno de los varios lagos que hay en el camino... el Musala se divisa imponente en la izquierda


Dejo atrás el refugio Everest (cerrado a cal y canto), construido en honor al primer búlgaro que alcanzó el techo del mundo, y que desgraciadamente murió en el regreso. El último tramo es precioso, ya en el mismo cono de la cima. Me recordó un poco al Paso de Caradhras por el que se empeñó en ir Gandalf (sí, en estos momentos de soledad la mente se monta unas películas que no veas…).  Finalmente a eso de las 15.00 h. llego arriba del todo, donde para mi sorpresa me encuentro un pedazo de refugio y estación meteorológica. Sabía que aquí había algo, pero no me imaginé esto (estamos a 2.925 m.). Le quita bastante encanto al lugar,  que es el punto más alto de todos los Balcanes. Además, un grupo de unos 20 macedonios estaban allí haciendo fotos y tomando té. Se interesaron por saber de dónde venía (ellos habían subido por la otra vertiente) y cómo estaba el camino de bajada. Me invitaron a un té y se mostraron bastante sorprendidos de encontrarse con un español aquí (supongo que no es lo más habitual…). Al final no hizo tanto frío como se preveía, el termómetro marcaba -8 grados, y afortunadamente no hacía nada de viento.

Vistas hacia el Norte, de donde vengo. Junto al tercer lago (el más lejano), está el Musala Hut, y más al fondo el valle hacia Borovets
Tras un rato de descanso y unas fotos, comienzo a bajar con los macedonios. La bajada la hago rápida y directa. Paré en el refugio Musala, donde en principio tenía previsto quedarme a dormir, pero viendo que me quedaban más de dos horas de luz para bajar hasta el coche, seguí para abajo. La última parte, la del enorme bosque, se me hizo larga, dura y pesada. Las piernas a reventar, en días como hoy me doy cuenta de lo vitales que son los palos de treking, si no los llego a tener no aguanto. Sobre las 18.00 h llegué al punto inicial, seriamente reventado… y es que de hecho fue una de las mayores palizas que recuerdo: 3.300 metros de desnivel acumulado y unos 25 km en 8 horas casi sin descanso.  Me queda 1 hora en coche hasta Sofía, durante la cual casi me quedo frito conduciendo, tuve que parar dos veces a por cafeína.


Creo que esto era el antiguo refugio del Musala... pero no estoy nada seguro
Al final... ¡Devastado!
Pero como siempre...pese a todo el esfuerzo físico, la experiencia fue finalmente muy gratificante. No es lo ideal subir a la montaña en solitario, es seguramente más aburrido (y arriesgado si surgen complicaciones), pero al mismo tiempo es una sensación diferente, interesante. Hubiese sido perfecto de no ser por las nubes y neblina que me impidieron disfrutar plenamente del maravilloso paraje que son las montañas de Rila, y me ocultaron por completo las vistas hacia el Sur mientras estuve en la cima.  El resto del fin de semana fue de PAZ (y PES) en el piso de Monroy-Pacas.



Hoy me despido con ...

Alice in Chains  y su Last Of My Kind

1 de septiembre de 2010

Los Siete Lagos de Rila. Día 9

Día 9:

Domingo 29 de Agosto de 2010. Hoy vamos a las montañas de Rila, finalmente somos 4: Iva, Daniela, Silviya y un servidor. 

Esta es la carretera que nos llevó a Rila.
Nos levantamos a las 7.30. El cielo está gris en Sofía, y hace muchísimo viento. Por un momento pensamos en cancelar la expedición, pero el desánimo dura lo que tardamos en ponernos en pie y lavarnos la cara. Las montañas de Rila están unos 100 km. al sur, por lo que es posible que allí la meteorología sea distinta.

Nos montamos en el Chevrolet de alquiler y desayunamos en un área de servicio por el camino. Hay tres caminos distintos para llegar al telesilla de Panichiste, que es nuestro destino. La más lógica parece ir primero hasta Dupnitsa aprovechando un tramo de autovía existente (este camino ya lo vimos aquí). Otra opción es ir por carretera general hasta Samokov, y luego desviarse al oeste. Pero nosotros elegimos la tercera y menos probable: ir por carreteras secundarias en línea recta al sur. Es la vía más directa, pero no por ello la más rápida.

Mapa de la zona
Así que bordeamos el macizo montañoso del Vitosha por su ladera Este, y llegamos al pueblo de Zheleznitsa. La carretera es estrecha y con muy mal pavimento, lleno de baches, grietas y agujeros. Menos mal que el coche no es mío y lo salto todo, sin dolor, ¡zapatilla!. Sapareva Banya es el pueblo que da acceso al larguísimo puerto que sube hasta Panichiste. La carretera en este tramo está muy degradada.

Desde la estación inferior...
Llegamos hasta las instalaciones del telesilla, donde aparcamos. Compro un mapa por unos 4 €, imprescindible, pues hasta ahora no tenía ninguna referencia más allá de lo ojeado en Internet. Un billete de ida y vuelta son 15 leva por persona (unos 7,5 €), no parece caro si tenemos en cuenta que nos deja a una altitud de 2.200 metros tras un recorrido de casi media hora y 2,3 km de longitud. En el momento de subirnos al aparato el cielo está totalmente cubierto por nubes y hay niebla. Tiene muy mala pinta, pero obviamente ya que estamos allí no vamos a renunciar a intentarlo... Y hubo suerte, puesto que durante la subida traspasamos literalmente todas la nubes y las dejamos debajo, para disfrutar repentinamente de un paisaje inmenso, tremendo.

...a la superior

Una vez en la estación superior, iniciamos la marcha por el camino que sale hacia la derecha. Ahora el sol calienta sin contemplaciones, hemos pasado de un día gris a uno esplendoroso en cuestión de minutos. El sendero es muy fácil y sin pérdida posible. Va ganando altura hasta llegar a un promontorio con unas preciosas vistas de algunos de los famosos lagos que reinan en este lugar.

Cada lago tiene su nombre, de esta manera dejamos a nuestra derecha "El Riñón", para emprender un duro repecho hasta "El Ojo". Hemos dejado atrás también una pradera con unos dibujos circulares hechos con piedras, donde se realizan ritos druídicos todos los meses de Agosto. Al parecer los participantes (o sectarios, como dicen algunos) suben hasta aquí vestidos con túnicas blancas, para pasar un mes en ayuno de sexo, alcohol y otros vicios. 

Los Lagos de Rila
Desde "El Ojo" a una cima cercana son apenas 15 minutos, así que ni nos lo pensamos. Hasta este punto llega muchísima gente, es muy accesible con buen tiempo, aunque estemos ya a unos 2.500 metros de altitud. El panorama es grandioso, con todos los lagos a nuestros pies en caprichosa combinación. Yo tenía ganas de más, así que seguí subiendo por una suave pendiente hacia el otro lado de las montañas que teníamos encima. En poco tiempo se gana una explanada en lo alto, desde donde se accede sin complicación ninguna a la cima del "Damga" (2.669 metros). Las vistas desde aquí ofrecen nuevas perspectivas: hacia el oeste vemos un valle que en el mapa aparece como "Pazar Dere" y al fondo el refugio "Ivan Vazov". Hacia el este dominan las cumbres del "Maliovitsa" (2.729 m.), y la del Musala, que con sus más de 2.900 metros es el pico más alto de los Balcanes (y por ende, de Rila).

Pazar Dere. Refugio Ivan Vazov al fondo.

En menos de una hora bajo otra vez con el resto del grupo, que me espera en el Refugio "Rilski ezera", también conocido entre el populacho como "el antiguo". Allí comemos. El refugio "nuevo" está justo al lado de la estación superior del telesilla, y se llama "Skakavitsa" (pero las vistas no son una caca, ¿eh?... esta se la dedico a Monroy). Caminamos de un refugio a otro en unos tres cuartos de hora. Aprovechamos para tomarnos un merecido descanso al sol, y beber alguna cerveza "Shumensko" (¡¡la avalo!!).

De vuelta muy satisfechos... ¡menudo día!
Mascando mazorca
Vuelta en el telesilla. Pasamos algo de frío ya que durante el trayecto se atraviesa un gigantesco bosque, los árboles nos envuelven totalmente y el sol deja de calentarnos. Antes de poner rumbo a casa, comemos unas mazorcas de maíz que venden en la calle, cocidas en unas inquietantes ollas. Son muy típicas de aquí y de algún país más de la zona, y además dicen que es la mejor época para comerlas (no lo sé, no soy muy experto en el arte de engullir mazorcas de maíz). La verdad es que son entretenidas, y económicas hasta el punto de suponer unos 50 céntimos de euro por unidad.

Para volver a Sofía utilizamos la carretera que pasa por Dupnitsa. Alrededor de hora y media tardamos en llegar a casa. El día ha sido largo y cansado, no tardamos en acostarnos...

Silviya & Daniela... cansadas, me temo...

¡¡Precioso lugar!!


28 de agosto de 2010

Toma de contacto. Día 5 (parte 2)

Día 5 (parte 2):

Una zona del mercado de coches en Gorublyane
Finalmente llegué a la zona de Gorublyane, ese lugar repleto de coches de segunda mano y tipos engrasados y tostados al sol. Me dí otra vuelta por allí, aquello tiene un encanto especial, un rollo tipo los campamentos de refugiados post-nucleares del Fallout (sí, exagerando un poco).
Coche tipo allí: este Audi TDi lo dejaban en 2.800 €

    








Tras especular un poco allí, pasé por la Facultad de Idiomas de la Universidad a recoger a Iva, lugar que frecuentaré a diario desde el 23 de Septiembre (fecha de inicio del curso que tengo intención de hacer). Volvimos a casa (noroeste) cruzando el centro a toda pastilla, ya como un nativo prácticamente (todavía tengo que pulir la técnica de tomar las curvas haciendo chirriar los neumáticos, no me acaba de salir bien).

Por la tarde, decidimos hacer una pequeña excursión junto a Daniela: iremos a Duniptsa, localidad junto al macizo montañoso de Rila, al sur. Para salir de la ciudad hay volver a usar el dichoso Ring-Road. Poco después pasábamos por Pernik y Radomir, desviándonos un poco de la ruta más directa.
Llegando a Duniptsa, con las montañas de Rila al fondo
Por el camino cruzamos algunos parajes bastante interesantes, enigmáticos. Son comunes las fábricas abandonadas (o al menos con ese aspecto), destartaladas y oxidadas hasta las entrañas, en mitad de un descampado inmenso. El contraste llama mucho la atención: bonitas praderas con las montañas al fondo, y en mitad de ese paisaje, las ruinas de un tenebroso almacén. Tambien son comunes las agrupaciones de fantasmales bloques de pisos de la era soviética (habitados aún, por supuesto).

Una vez en Duniptsa, con las inmensas montañas de Rila justo encima, comprobamos que efectivamente se trata de otro núcleo importante de compra-venta de coches. Todas las afueras del pueblo están infestadas de pequeñas “empresas” que se dedican a ello.

tatarsko kiufte con salsa luteniza. ¡Élite!
Allí encontramos un restaurante de comida típica búlgara, donde degustamos con gran fervor tatarsko kiufte (carne con especies, una mezcla entre albóndiga y hamburguesa) con salsa luteniza (salsa muy típica del país, es como un puré de tomate, pimiento y especias. Tremenda). Aprovechamos para quedar a tomar algo con dos amigas de Daniela que viven allí.

Para volver a casa tardamos algo menos de una hora, hay un tramo de autovía bastante largo que no está abierto en sentido contrario. Hoy no salimos a ningún sitio, el día ha sido ya suficientemente amplio...