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30 de diciembre de 2010

Ciudadanos sofianetz. Días 45-49


 Días 45-49:
¡Feliz cumpleaños!
La semana comienza con el cumpleaños de Monroy (4 Octubre), y qué mejor lugar para celebrarlo que nuestro respetado Dibaka… Nos metemos una buena comilona, pero la fiesta tendrá que esperar al fin de semana.
Ojito con los agujeros...
El miércoles tuve la ocasión de acompañar a Iva al pueblo de su abuela: Godech. El lugar no es nada especial, aunque le da un cierto encanto el hecho de que para llegar a él haya que atravesar montañas y páramos desolados (sí, está un pelín aislado…). Allí recogemos muchas cosas útiles para nuestro piso en Sofía, alguna mesa, sillas,  mantas, etc. Visitamos a los padres de Itzo, amigo de la infancia de Iva, y charlamos varias horas con ellos, especialmente con la madre, que viene de haber estado 9 meses en la India… Nos cuenta su interesante experiencia. El padre regenta un restaurante a 10 km de allí, en el cual nos invita a cenar muy generosamente. Una muestra más de hospitalidad por parte de la gente búlgara, y ya van varias. 


Iñaki y Pacas, en la Iglesia Rusa de Sofía
Al día siguiente, jueves, recogemos en el aeropuerto a Iñaki, que viene de visita unos días. Obviamente esto supone realizar el tour gastronómico básico por la ciudad, para que lo conozca debidamente. El viernes hace algo de turismo mientras nosotros estamos en clase. Por la tarde le acompañamos en otro largo paseo por el centro de la ciudad, donde flipa con el contraste entre "edificios monumentales-aceras destrozadas".
Por la noche, tanto Pacas como Monroy tienen ganas de jarana. Yo estoy planteándome seriamente hacer la intentona definitiva al Musala, ya que el tiempo cada vez es más frío y las montañas van acumulando más y más nieve… cada semana que pase será más difícil subirlo. Las previsiones, desgraciadamente, no son demasiado buenas (-14 grados en la cima a mediodía). Además hay que iniciar la ruta desde abajo del todo (Borovets), porque como ya vimos la semana pasada, el telesilla está cerrado. Pacas me asegura (con la honestidad que le caracteriza) que él no lo va a intentar, porque esta noche piensa devastar y mañana madruga Rita. Con todas estas circunstancias, es normal que dudase largo rato si intentarlo o no. Mientras yo me lo pensaba, estos elementos degustaban a elevado ritmo una botella  de 1 l. de Rakia que les había traído nuestro amigo búlgaro Lubo. A Lubo lo conocimos en la facultad de idiomas, donde estudia español. Se le entiende bastante bien, aunque tiene un marcado acento cubano que no logramos comprender de dónde proviene.


Con el gran Lubo, durante nuestra conversación
Finalmente, cuando ya van a salir de casa (a eso de las 00.30 h.), tomo una determinación: mañana voy al Musala a intentarlo. En ese momento, el apuesto y embrutecido Luboslav se viene arriba: -“Amigo, yo te acompaño”. Me quedo estupefacto, pues hasta ese momento no imaginé que pudiera tener el más mínimo interés por semejante actividad, además de que se había pimplado media botella de Rakia delante mío. -“Lubo, que no hombre, no te preocupes, que me da igual ir solo..” –“Que no, que no, que soy búlgaro, fuerte. Yo te acompaño”  –“Pero Lubo… si vais a salir ahora de fiesta y llegarás a casa a las tantas… ¿cómo piensas levantarte mañana para estar andando todo el día??”  –“Yo llego casa a las 7, duermo una hora y me recoges. Luego, duermo un poco más en coche, y listo. Soy búlgaro!!!”, me dice al tiempo que hace un inequívoco alarde de virilidad agarrándose sus partes. Nos miramos unos a otros, desconcertados. Realmente está hablando en serio, por muy borracho que esté. –“¿Tienes ropa para el frío y la nieve??” –“Soy búlgaro!!! Aquí Sofía, 20 bajo cero año pasado!! No frío para mí!!”. Todo esto con la botella de Rakia en la mano, casi finiquitada, y Pacas y Monroy descojonándose de la risa alrededor nuestro. Bueno… pocas rutas de montaña recuerdo tan cargadas de incertidumbre y tan desconcertantes como esta, pero el caso es que quedé con él en recogerle a las 8.30 de la mañana siguiente. Me fui a la cama preguntándome en qué clase de líos nos podíamos meter. La buena noticia fue que el tiempo ahora era la menor de mis preocupaciones…


Ozzy - Miracle Man

30 de noviembre de 2010

Serbia (Belgrado) y reencuentro en Sofía. Día 31

Día 31:

Partizan Playground
Me levanto alrededor de las 9.30 y voy corriendo a comprobar que el coche sigue en su lugar y sin “papelito”. Ok, ha habido suerte, pero llevaba un par de horas en situación irregular. Una multa hubiese detonado por los aires todo el presupuesto del viaje, que a estas alturas anda muy delicado. Nos despedimos del hostel, y nos dirigimos al centro de la ciudad. Belgrado es el mayor núcleo urbano por el que vamos a pasar en este viaje, con más de millón y medio de habitantes. La mezcla religiosa y étnica de Sarajevo deja paso a un ambiente más puramente europeo y el cristianismo ortodoxo como máxima influencia en Belgrado. Pese al largo dominio otomano que sufrió Belgrado con el comienzo de la Edad Moderna, no hay vestigios demasiado visibles.

Belgrado
Nuestro tiempo aquí es bien limitado, así que buscamos primeramente la Fortaleza de Kalemegdan que se erige en lugar privilegiado del centro. Por allí paseamos tranquilamente, disfrutando de perfectas vistas sobre el resto de la ciudad y viendo alguno de los edificios y monumentos que contiene (Torre del Reloj, el gran pozo, mausoleos, puertas de entrada en los muros…). El museo militar, desgraciadamente cerrado los lunes, me quedo sin verlo aunque me consuelo con las cosas que hay expuestas en el exterior. Una vez fuera de la Fortaleza, un paseo por la zona de la ciudad que queda a su sureste nos muestra el Belgrado más histórico. Muchas iglesias, algún que otro palacio, teatro, museos… etc. Me quedo con las ganas de visitar el dedicado a Nikola Tesla, el famoso inventor de etnia serbia.

Perro posando en un parque de Belgrado

Desde la Fortaleza. Ríos Sava y Danubio
A la hora de comer volvemos a la crepería que me había enamorado la noche anterior, muy cerca del Museo Nacional. Un último paseo, aprovechando que hace muy buen tiempo y que el periplo balcánico enfila ya sus últimas horas, y volvemos al coche y directos a la autopista. En uno de los peajes recogemos a un serbio que nos acompaña hasta la ciudad de Nis, y con el cual mantenemos una entretenida charla en la que nos explica algunas cosas interesantes sobre la actitud de los serbios tras lo sucedido en la década de los 90. Después de la citada ciudad (por cierto, lugar de nacimiento del emperador romano Constantino I El Grande), la cómoda autopista llega a su fin y deja paso a una bonita carretera que se sumerge entre un largo desfiladero que por momentos me recordó al que tenemos en Cantabria.


Conduciendo por el sur de Serbia

En la frontera con Bulgaria, nos piden… bueno, tal vez “pedir” no sea el verbo adecuado, pues la pregunta vino después de la acción. El caso es que se introdujeron en los asientos de atrás del coche dos señoras, trabajadoras de la aduana, y después un hombre nos dijo que si nos importaba llevarlas hasta Dragoman (ciudad búlgara a medio camino de Sofía). “Bueno oye, ya que están montadas, no les hagas bajarse”, qué le voy a decir. Las señorucas fueron todo el rato hablando de sus cosas, sólo les faltó sacar hilo y aguja y ponerse a hacer punto allí mismo.


Entre las montañas cerca de la frontera Serbia-Bulgaria
Y por fin, tras más de 2.000 km de viaje, llegamos a Sofía anocheciendo. Sentí una extraña sensación reconfortante al volver a sentir esas carreteras empedradas y esos fascinantes baches de medio metro de profundidad. “Ahhh… por fin en casa”, exclamé tras el primero que me comí. Yo creo que hasta el Golf lo echaba de menos… ¡un poco de acción, coñe!. Tras todos estos días, resultó muy curioso abrir la cartera y ver una vez más ese caos de diferentes monedas que uno ya no sabe ni a qué país corresponden. De hecho, no sólo hubo que utilizar el dinar serbio, sino también el marco bosnio, la kuna croata, el lek albanés, y el dinar macedonio. Aparte del propio lev búlgaro, y el euro, que es la moneda oficial montenegrina. Hasta siete tipos de monedas en mi cartera, que ocasionaron numerosas tropelías del estilo de intentar pagar en Bosnia con monedas de Albania, y cosas similares. Muchas veces lo que hacía era enseñar al dependiente el montón de monedas y que él mismo se sirviese, era lo más rápido.

Y Bulgaria de nuevo...

¡¡Reencuentro!!:

Al fin el trío junto...
Al llegar a casa, allí nos están esperando (tal y como estaba planeado minuciosamente) Pacas y Monroy, ¡¡al fin el esperado momento!!. Tenemos muchas cosas que contarnos, pero lo primero que sale a la palestra fue el relato de sus primeras horas en Sofía, bastante confusas. Llegaron sobre las 2.30 de la mañana y un taxista bastante chungo les llevó al Hostal que yo les había reservado en el centro. Al parecer el tipo fue un buen rato en dirección prohibida por calles de sentido único, lo cual ya empezó a escamar a los recién llegados. Posteriomente la bienvenida en el Hostal no fue mejor, pues parecía absolutamente vacío, hasta que un somnoliento recepcionista se levantó de pronto de entre las tinieblas y les saludó en el “familiar y cercano” idioma búlgaro. Subieron por unas escaleras de madera medio podrida a la habitación, donde unas cuantas cucarachas les estaban esperando con los brazos abiertos. El recepcionista les hizo entrega del sobre donde se contenían las llaves de mi piso, las cuales utilizaron a la mañana siguiente para instalarse allí y pasar una noche más. Aunque ellos ya tienen controlada el área periférica a mi piso, y sus principales tugurios de pizzas y kebaps, yo les quiero llevar cuanto antes a que conozcan el gran Ugo, donde nos damos un buen atracón y una buena ingesta de Kamenitza. Esta noche dormirán por última vez en nuestro piso, ya que es mañana cuando hemos quedado con la casera para alojarles en su nuevo hogar.

22 de noviembre de 2010

Croacia (Dubrovnik). Día 27

Día 27:

Volvemos al español, que hay que aligerar esto un poco (y de paso recupero algunos lectores jaja).

La ciudad vieja de Dubrovnik (ó Ragusa, su nombre histórico) es un lugar especial. Su sobrenombre de “Perla del Adriático” no es casualidad. De hecho, se trata de una preciosa ciudad medieval grandiosamente restaurada y conservada. Probablemente, sus murallas son lo primero que llama la atención, además de suponer una de las mejores formas de ver la ciudad, ya que es posible recorrerlas a pie durante sus casi 2 km (10 €). Las vistas desde allí arriba (hasta 25 metros) son fabulosas sobre la propia ciudad, y sobre la costa:

Dubrovnik desde lo alto de sus murallas



























Pese a que durante siglos fue una próspera y autónoma República, ha tenido que soportar numerosas crisis, desde invasiones de los árabes, normandos y sus rivales venecianos, hasta el más reciente asedio y bombardeo de fuerzas serbias y montenegrinas en 1991, que devastó gran parte de la ciudad. Afortunadamente hoy en día ha recuperado su antiguo esplendor, aunque esto ocasione que reciba una continua masa de turistas que resta encanto al lugar.

Placa, Calle principal

Pred Dvorom


















Estamos teniendo muchísima suerte con el tiempo, hoy disfrutamos de un implacable sol que lo ilumina todo. Dedicamos parte del día a recorrer la ciudad y sus numerosas callejuelas, hasta que el calor nos hace pedir a gritos un baño en la sugerente costa. Tras informarnos un poco, buscamos una playa tranquila (Solitude) para darnos un chapuzón y descansar hasta el atardecer. Por la noche nos preparamos una frugal cena en la terraza de nuestra casa. Nuestro presupuesto va cada vez más ajustado, y los precios en Dubrovnik son mucho más altos de lo que hasta ahora veníamos soportando en países como Macedonia, Albania, o la propia Bulgaria.




The Sword - How Heavy This Axe

8 de noviembre de 2010

Montenegro. Day 26

Day 26:

We woke up around 9:00, and had breakfast in our modest terrace. Apartments Lagator is the name of this pretty place. We have slept here for 6 € per person, in a room with bathroom. Ok, we hadn’t T.V. or other comforts like that… but I think it was one of the best places I have ever been for this price… Recommended.

We drove for a while heading north, and received a shock when entering the Bay of Kotor, and in its main village: Kotor. First of all, that strange and surreal castle in the top of a hill, surrounded by impressive 4 km long ancient walls that go from the top of the hill to the level of the sea (260 meters drop!). There is no doubt… this wonderful place was one of the highlights of our trip around Balkans. In fact, it's an Unesco World Heritage Site. Walking through its streets is like returning to the XIII or XIV century (forget the tourist crowd …), and that walls… Have I mentioned the walls?? I have never seen a madness like that around Europe…


Views over Kotor Bay

It’s possible to reach the top of the hill (where the castle is), going upstairs following the ascension of the walls… but at that moment, with around 30ºC, it wouldn’t seem the best idea. I chose another option, less hard for me, but the HARDEST one for my car: drive all the mountain road to the top of the Bay of Kotor, in the slopes of Mt. Lovcen. Amazing!!! It was an exciting driving, going through tens of hairpin bends. Finally… Wow!! Impressive panorama over the Bay, the largest one in the South of Europe, and surrounded by big mountains.

Driving around Kotor Bay
The next village in our way to the north was Perast, another interesting place. The road goes round all the Bay, so we had enough time to see it again, but this time from the bottom. After that was time to approach the frontier zone, where Herceg Novi is. We passed through the touristic and historic village, but we didn’t see noticeable things around there. We were a little disappointed about this place, but no problem: Dubrovnik is on our horizon. After crossing the frontier between Montenegro and Croatia (less than 10 minutes there), we stopped in Cavtat, a beautiful coastal village. We went for a walk by the seaside, and a little swim in those crystalline waters.

Perast

Swimming in Cavtat
A few kilometers more, and we arrived Dubrovnik at dusk. The city has a problem of space, because it’s in a hillside and houses are almost one above the other. The streets are very narrow and it’s usual they don’t have enough space for two cars passing at the same time. It’s a little madness. Finally we found our guest-house, with our spanish-speaking host waiting for us. The place had a nice terrace and views over the new city (not the old one, unfortunately). We were very tired, and we spent the rest of the day having dinner and resting in the room. Tomorrow morning we are going to explore the marvelous Old City, because today was only on our sight from a distance.
Dubrovnik at dusk


Again, grammar corrections are welcomed... 

This time is Ozzy who says good bye ...!!!

3 de octubre de 2010

República de Macedonia, y Albania. Día 23 (Parte 1)

Día 23:

Ohrid es una turística villa macedonia situada a orillas del gigantesco lago del mismo nombre. Probablemente sea el primer nombre que salte a la palestra si hablamos de turismo en el país. Los primeros asentamientos en el lugar datan del neolítico, lo que se explica debido a su estratégica ubicación como encrucijada de caminos y culturas, paso natural entre el este y el oeste. El Lago Ohrid (mitad macedonio, mitad albano) es el más profundo de los Balcanes con casi 300 metros, y uno de los más antiguos del mundo. Aparte, es una maravilla digna de presenciar, con aguas claras y rodeado de montañas de 2.000 metros.

Vistas sobre el Lago Ohrid

Parte nueva de Ohrid, desde el Castillo
Tenemos toda la mañana para disfrutar de un largo paseo por el amplio casco antiguo de la villa. Recorremos su puerto, y algunas de sus pequeñas playas. Remontando una empinada cuesta, subimos desde la iglesia del s.XII de Sveti Jovan at Kaneo, hasta uno de los mejores monumentos religiosos de todo el país: la iglesia de San Pantaleimon (originaria del s. V). No obstante, para obtener las mejores vistas sobre el lago y la propia ciudad, debemos caminar algo más, hasta llegar al Castillo del Tsar Samuil (s. X). Encaramados en lo alto de sus muros, tenemos una panorámica fabulosa del lugar, sin duda lo mejor de nuestro paso por la República de Macedonia.


La frontera con Albania está cerca, apenas 20 minutos en coche. Los trámites allí no son demasiado espesos: otros 20 minutos. La entrada al país nos resultó ciertamente espectacular: un cambio radical de paisaje, ahora salpicado de decenas de búnkeres de todos los tamaños. Desoladas, abandonadas y de aspecto un tanto apocalíptico, estas pequeñas pero inexpugnables construcciones son la prueba visible del pánico vivido durante décadas en este país. El dictador Enver Hoxha hizo de Albania el último resquicio del estalinismo, y a finales de los años 60 sembró el país con 700.000 búnkeres ante la paranoia de que serían atacados de forma inminente. Un búnker por cada cuatro albaneses.

Búnker, con el Lago Ohrid al fondo

Hay un interesante artículo en http://www.cabovolo.com/ donde hablan sobre el tema: "En 1968 la invasión de Checoslovaquia por parte de los soviéticos hizo temer a Hoxha que Albania fuera la siguiente, lo cuál hizo que el ritmo de construcción de bunkers se acelerara. Según cuentan algunas fuentes, el primer prototipo de estos bunkers había sido finalizado en los 50, durante su presentación Hoxha preguntó al ingeniero en jefe si estaba seguro que resistiría el ataque de un tanque, este respondió que estaba "muy seguro". Entonces Hoxha le pidió que permaneciera dentro de su creación mientras un tanque bombardeaba el bunker.

 

En algunos se podía incluso entrar
Lamentablemente para la población cuerda de Albania, el ingeniero salió ileso tras el ataque y se procedió a la producción en serie de su invento. Estos bunkers eran de hormigón armado, pero eran a su vez móviles, con la intención que fueran fáciles de colocar con un helicóptero o grúa en un agujero excavado previamente. Los había de varios tipos: bunkers de playa, para una ametralladora, instalaciones navales submarinas, bunkers subterráneos para servir de almacén. Los más comunes eran los que tenían forma de seta y podían albergar una ametralladora o una pequeña pieza de artillería de hasta 75mm.



La invasión inminente podía provenir de cualquier frente y de cualquier enemigo, además de los enemigos en el lado comunista había que añadir los enemigos "tradicionales" occidentales. Así que los bunkers proliferaron por todo el país sin una estrategia clara de defensa. Albania, pese a ser un país pobre, dedicó una cantidad inmensa de recursos a su construcción, se calcula que para la construcción del típico bunker seta eran necesarias cinco toneladas de hormigón, mientras las carreteras se encontraban en un estado lamentable, así como muchos otros servicios."

Realmente curioso, y un tanto siniestro... Estuvimos un buen rato presenciando aquellas montañas llenas de búnkeres, una estampa tan extraña como inédita. No volvimos a ver tantos juntos en todo nuestro paso por Albania, tan sólo algunos de forma aislada, ahora usados como granero, almacén, pajar...

continúa....

Despidiéndonos del embriagador Lago Ohrid, on the road to Albania

1 de octubre de 2010

República de Macedonia. Día 22

Día 22:
 
Clara con la Madre Teresa
Desayunando en el albergue, conocemos a una chica germano-croata que está viajando por la zona. Salimos con ella a dar una vuelta por Skopje. Es pronto, apenas las 9, y el día es lluvioso. Aunque el tiempo no se presta demasiado a ello, paseamos por la zona antigua de la ciudad. Interesante el antiguo bazar (aunque obviamente sin demasiada actividad a estas horas),la muralla de la fortaleza Kale, y las mezquitas que abundan por allí. En la línea del resto del país, la herencia otomana es muy visible. Más de 500 años de dominación turca dan para mucho, y los minaretes son un elemento más del paisaje macedonio.



Monasterio Sveti Jovan Bigorski
Posteriormente, y debido al gran interés mostrado por Clara (así se llama nuestra nueva amiga), nos acercamos a visitar la casa donde nació la Madre Teresa de Calcuta. Fue en 1910, en el seno de una familia albana católica. Por aquel entonces la ciudad aún se llamaba Üsküb, y formaba parte del Imperio Otomano. El mencionado edificio es ahora un museo con fotografías, escritos y objetos de la vida de la religiosa, además de tener una pequeña capilla en la parte superior. No tuvo demasiado interés, más allá de la anécdota.

En una librería compramos la Lonely Planet de los Balcanes, guía que nos será de una utilidad tremenda durante todo el viaje, y nos ahorrará muchísimo tiempo en búsqueda de información. Además, Clara nos acompañará en nuestra ruta hacia Albania, desde donde tratará de tomar un tren hacia Kosovo, aunque es en estos momentos cuando más cerca vamos a estar de la recién auto-proclamada nación.




Llegada a Ohrid
Nuestro próximo destino es Tetovo (usamos para ello la primera y anteúltima autovía del viaje), una ciudad con marcadísima influencia musulmana, que nos resulta de poco interés, aparte de alguna vistosa mezquita. El caos circulatorio en sus calles es considerable... Desde allí seguimos hacia el Parque Nacional de Mavrovo, por una carretera que serpentea entre montañas (pasamos cerca del Monte Korab, el más alto de la región con más de 2.700 m.) y frondosos bosques. Se nos ha pasado un poco la hora de comer, son alrededor de las 16.00 h, así que paramos por allí. El día sigue muy nublado, desafortunadamente. El Lago Mavrovo nos acompaña durante gran parte del trayecto, y después el río Vardar. Hacemos un obligado stop en el monasterio Sveti Jovan Bigorski (San Juan Bautista), construido en 1.020 en un enclave tan abrupto como aislado de la civilización.

Una intensa lluvia nos recibe en las inmediaciones de Ohrid, la villa más turística (e interesante, posiblemente) de Macedonia. Entre su laberinto de callejuelas empedradas pasamos un buen rato hasta encontrar el Art Hostel, un magnífico alojamiento por un precio que ronda los 7 €. Ya es de noche cuando salimos nuevamente a la calle, así que será mañana cuando exploremos el lugar. Dedicamos las últimas energías del día a probar algo de comida local, al mismo tiempo que atiendo al Real Madrid - Osasuna (qué buenas maneras apunta el Özil este...). Poco después tengo el privilegio de presenciar el último cuarto de las semifinales del Mundial de basket, Turquía-Serbia... buf!, menudo final... impresionante. Me alegro de la victoria turca, ¡y no sólo por estar en Macedonia!.

Iglesia de  San Panteleimon , con el Lago Ohrid detrás



24 de agosto de 2010

Toma de contacto. Días 1 y 2

Día 1:

He llegado a Sofía el 21 de Agosto, sábado. Es ya la 1.30 de la madrugada (hora local, en España es una hora menos) cuando piso tierra, lo que supone unos 40 minutos de retraso sobre lo previsto. Me reciben Iva y Ludi, por lo que la llegada no puede ser más agradable.

Estos primeros días dormiré en casa de la prima de Iva, mientras terminamos de buscar un piso por la zona centro de la ciudad. Así que vamos hasta la zona de Lyulin, un barrio residencial lleno de bloques de pisos al noroeste de Sofía. Allí conozco a la tía de Iva y a su prima, Daniela.

Es en este momento donde me gustaría añadir alguna foto para ir ilustrando el panorama, sin embargo cuál fue mi sorpresa al sacar la cámara nada más aterrizar: ¡objetivo atascado! Menuda forma de empezar, pienso. En los próximos días buscaré la forma de arreglarla a través del servicio técnico, pues ya probé con todos mis recursos propios: la manipulé, golpeé, escupí e insulté, sin ningún resultado aparente.

Actualizado: aquí adjunto una foto que hicimos con el móvil al llegar al piso. Todo eso está riquísimo, el queso y, especialmente, el jamón, es bastante diferente a lo que tenemos en España.




Día 2:

Es domingo y me levanto bastante tarde. Al salir a la calle por primera vez, la sensación es bastante rara, ya que no se parece demasiado a lo que estamos acostumbrados en España. Entre los bloques de pisos, abundan los solares vacíos y destartalados, las aceras están ciertamente deterioradas y van acompañadas de zonas "ajardinadas" que tienen pinta de recibir atención una o dos veces al año. Al cruzar la carretera hay que andarse con ojo, porque aquí los pasos de cebra no triunfan mucho. Sí que hay semáforos para cruzar en los pasos principales, pero así todo no te puedes confiar y cruzar sin mirar a ambos lados.


Vistas desde el balcón
Estamos muy cerca de la parada de metro de Lyulin, así que aprovechamos para dirigirnos al centro de la ciudad: nos bajamos en Serdika tras apenas 10 minutos. Sólo hay una línea de metro, pero está en construcción al menos otra más. Allí aprovecho para hacerme una tarjeta de transporte público, sencillo trámite que se puede complicar bastante si no sabemos búlgaro y nadie nos acompaña. La "oficina" donde la dan está realmente escondida, con una mínima referencia exterior y encima en alfabeto cirílico. Vamos, preparado para los turistas... La tarjeta en cuestión cuesta 50 leva (25 €) y sirve para todos los transportes públicos (metro, bus, trolley, tranvía) durante un mes entero. Sin ella, un viaje en metro cuesta 1 leva (0,5 €).

Cerca de allí existe una oficina de cambio bastante concurrida, ya que no aplica comisión, o al menos no lo hace de forma perceptible. Aprovecho para quitarme de encima todos los euros que llevo, unos 120, que se transforman en más de 230 leva.

Por cierto, a estas alturas ya deberíamos tener un mapa de la ciudad en el bolsillo. Conseguirlo no ha sido tan fácil como pudiera parecer, aún no he visto ninguna oficina de turismo o similar. La solución ha sido entrar a un lujoso hotel del centro y hacernos un poco el "guiri", allí mismo en recepción tenían un buen surtido de mapas. Al no haber nadie atendiendo en ese momento, ¡pues "self-service"!.

Deliciosos helados en el Jimmy's!!
Durante el día tendré oportunidad de saborear algo de deliciosa comida típica búlgara, añadiré un capítulo especial con este asunto más adelante, pues lo merece sin duda. Paseamos por toda la zona centro, visitamos la catedral Alexander Nevski, el monumento más imponente y reconocible de toda la ciudad. Ya conocía la ciudad de una visita anterior en 2008, pero fue interesante volver a ver edificios como la Iglesia de St. Sofia, la Iglesia Rusa, la Galería Nacional de Arte, el edificio de Presidencia o el Teatro Nacional. Todos ellos situados muy cerca unos de otros. Se puede decir que Sofía tiene MUY concentrada la zona de interés cultural.

 
Por la noche nos espera una exquisita cena típica, que me gustaría acompañar de fotos, pero lamentablemente ¡¡ESTOY SIN CÁMARA!!