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17 de octubre de 2010

Albania, y entrada a Montenegro. Día 24

Día 24:


El Gran Skanderbeg en Tirana

Nos levantamos sobre las 9.00 y salimos a la calle. Hace mucho calor, sol. Estamos en pleno centro, y justo debajo tenemos un mercadillo donde desayunamos. No hay demasiado que ver en Tirana. Comenzamos andando desde la plaza donde se alza el monumento al héroe nacional Skandenberg (construida en 1968 para rememorar los 500 años de su muerte), veremos incontables referencias suyas a lo largo del país. Justo al lado se encuentra la Torre del reloj ("Kulla e Sahatit") y la mezquita de Et'hem Bey, lo que probablemente hace de éste el punto más visitado de la ciudad.


Aparcando en Tirana.
Justo allí, en pleno centro histórico de la ciudad, nos percatamos de que estamos caminando sobre la calle George W. Bush. Resulta chocante encontrarse esto en un país con tan marcado pasado comunista, y más tratándose de este controvertido personaje. Movido por la curiosidad, he indagado un poco para tratar de comprender a qué se debe esta idolatría al Sr. Bush. En este vídeo vemos la única visita que realizó a la ciudad, donde se dió un multitudinario baño de masas, muy gracioso por cierto. En la descripción del propio vídeo nos explican a qué se debe este recibimiento:


 


En la turística Kruje
Seguimos caminando, pasando por el Palacio Nacional de Cultura, Museo Nacional de Historia, Galería Nacional de Arte, y otros edificios de interés que obviamente no tenemos tiempo para visitar debidamente. Llegó la hora de despedirnos de nuestra amiga y compañera de viaje Clara, que ha decidido quedarse aquí en Tirana una noche más para tratar de coger un tren a Kosovo al día siguiente. Nosotros dos volvemos al coche y emprendemos la exasperante tarea de abandonar la ciudad. El tráfico es caótico a mediodía y todo el mundo se abre paso a pitidos, se hace necesario activar el modo violento para salir de allí en un tiempo razonable. Por cierto, en Albania no eres nadie si no tienes un Mercedes Benz de comienzos de los 90. 5 de cada 10 tienen uno, y creo que no exagero.


Castillo de Kruje, antes bastión de Skanderbeg, ahora Museo Nacional

Skanderbeg en primera plana. Resistencia Albanesa
Finalmente en camino hacia el montañoso pueblo de Kruje, nuestro próximo lugar de interés. La carretera es realmente mala hasta allí, pero peores son las (inexistentes) indicaciones, lo que nos hace perdernos un par de veces hasta que finalmente acertamos con la desviación. Mereció la pena tal esfuerzo, pues el castillo de Kruje fue uno de los mejores momentos en Albania. Además en su interior hay un detallado museo (Museo Nacional) sobre la vida de Skanderbeg (Jorge Castriota), quien sin duda fue un personaje realmente interesante. Fue quien comandó la rebelión contra el Imperio Otomano en el siglo XV, tomando como base este mismo castillo. Allí, apostató de la fe musulmana y buscó aliados para defenderse bajo el emblema rojo con el águila bicéfala (hoy bandera nacional). Resistió los ataques otomanos una y otra vez, haciendo de la fortaleza de Kruje un sitio inexpugnable pese a recibir hordas de hasta 150.000 soldados turcos, frente a una guarnición de apenas 2.000 ó 3.000 (eh!, también lo he leído en la wikipedia, preguntádles a ellos...). Además de como militar, destacó como estratega y diplomático. Una vez muerto Skanderbeg, la ciudad fue finalmente tomada y el yugo otomano siguió su curso. Su admiración post-mortem fue in crescendo hasta el punto de haberse escrito infinidad de libros sobre él, u óperas como la de Vivaldi.

De allí a la fronteriza Sködra no hay demasiados kilómetros, sin embargo el trayecto se hizo eterno debido al pésimo estado de las carreteras. Afortunadamente vemos una especie de autovía en construcción, lo cual supongo que mejorará la situación. Por el camino me lanzo a perpetrar mis primeros "albaneses" adelantando, ya que a estas alturas estoy totalmente insensibilizado en este sentido. Una vez en la fea ciudad, tenemos, una vez más, problemas para encontrar la dirección correcta. Nos desviamos por error hacia la montañosa y atractiva región de Theth.


De camino a Theth por error... un poco perdidos


Por si fuera poco, cuando ya finalmente estamos en marcha hacia la frontera con Montenegro, nos para la policía albanesa. La conversación, surrealista. Simiesca, una vez más. Un barrigudo y descamisado policía me pide insistentemente algo, pero yo ya le he entregado todos los papeles. Finalmente caigo en que lo que quiere es un soborno, o me multa por no llevar las luces encendidas (aquí es obligatorio las 24 horas). Me pide unos 15 €. Como ya estoy bastante hasta los huevos de la situación, decido dárselo, así que lo saco y se lo ofrezco. "Ahhh", repentinamente hace un gesto de desaprobación, como diciéndome "calla bicho!, guarda eso inmediatamente coño, que no te lo vean!!". Obviamente él quiere que se lo deslice discretamente entre los papeles del coche. Como ya me tiene harta la lamentable situación, comienzo a gritarle (con el dinero en la mano, lo que le incomoda tremendamente, ya que estamos en plena calle) que coja el puto dinero. Va a hablar con otro compañero de patrulla, vuelve y me dice algo, no entiendo qué. No me hace ningún gesto, ni de que siga, ni de que le entregue algo.. nada. Sólo se queda mirando. Así un largo minuto. Hago el amago de arrancar y seguir, el tío no se inmuta. Unos cuantos gestos simiescos más, cuatro o cinco onomatopeyas... y a tomar por culo, arranqué y allí se quedaron sin multa ni soborno. Lo dicho, muy surrealista.

Entrando en Montenegro
Poco después llegamos a la frontera con Montenegro, donde nos retienen unos 20 minutillos, y nos obligan a pagar 10 € por una dichosa EcoTasa obligatoria para circular por allí. La entrada al país es sumamente espectacular, conduciendo junto al inmenso Lago Shkodra a través de un Parque Nacional muy rico en vegetación y aves. Podgorica apenas supone otra media hora más desde la frontera, aunque la pasamos de largo sin detenernos. Nuestro verdadero objetivo es Budva, una villa de la que hemos oído (y visto) maravillas y donde pensamos detenernos dos ó tres días a tomar un poco el sol y descansar. El trayecto Podgorica-Budva es fabuloso, a través de lo alto de las montañas, pero desgraciadamente comienza a anochecer y nos perdemos mucho del espectáculo. La bajada a Budva es una vertiginosa carretera que desciende desde lo alto de las montañas hasta la misma línea de playa en el Mar Adriático.


Lago Shkodra, una maravilla en la frontera entre Albania y Montenegro


Camino de Budva, atardeciendo

El albergue en el que nos hospedaremos las dos próximas noches, es un auténtico lujo para 6 € por persona que cuesta. Se trata de pequeños apartamentos de planta baja, con terracita, y a 250 metros de la playa. Así da gusto ir a lo barato... Terminamos el día cenando algo típico en un restaurante cercano, lo que desgraciadamente nos cuesta casi lo mismo que el alojamiento... El tiempo está siendo buenísimo los últimos días, y las previsiones son aún mejores, así que mañana toca día de playa...

Cerca de Podgorica

5 de octubre de 2010

Albania. Día 23 (Parte 2)

...continúa:


Edificios cerca de la frontera
Después de hacer unas cuantas fotos por la zona de búnkeres, volvemos al coche y comenzamos un largo descenso hasta la ciudad de Elbasan. Las carreteras presentan (sorprendentemente) en un estado decente, pero el tráfico es denso y algo lento. A diferencia de los respetuosos macedonios, los albanos tienen un estilo de conducción muy agresivo. Su forma de adelantar en estas carreteras llenas de curvas es muy hardcore. Cuando el que va delante lleva una velocidad que no les satisface, pues saltan al carril contrario y una vez ahí ya estudian la situación. Poco importa si hay o no hay visibilidad, ya se improvisará algo. Normalmente lo que ocurre es que se ponen a acelerar adelantando a toda la hilera, hasta que ven aparecer a alguien en sentido contrario. Si da tiempo, se meten, si no, pues el otro al arcén y ellos por el medio. En cuanto ví un par de estas, comprendí que lo mejor era ir bien concentrado, nada de mirar paisajes.



En Elbasan comemos un auténtico engrudo albano. La ciudad actualmente es horrible, por resumir. Aunque tiene una amplia historia en la época romana, el lugar fue posteriormente destruido con saña por los búlgaros, hasta erradicar cualquier tipo de asentamiento allí. Más tarde los otomanos construyeron un fuerte militar que fue prosperando hasta convertirse a principios del S.XX en una de las más bellas ciudades albanas, con una mezcla de edificios medievales y orientales. Todo esto debió acabarse cuando, en colaboración con el gobierno Chino, el ya mencionado dictador Enver Hoxha ordenó construir allí el "Acero del Pueblo" en los años 60, el mayor complejo industrial de los Balcanes en ese momento. Esto supuso una emisión salvaje y constante de humos y contaminantes varios, que hicieron que las circundantes tierras fértiles se convirtiesen en páramos inertes. Aquellas fábricas siguen funcionando, aunque al parecer con equipamiento y producción muy obsoleta.

"Acero del Pueblo" en Elbasan

Tras las fábricas de Elbasan, se me vino algo de música a la cabeza: Godflesh - Like Rats

El último tramo hasta Tirana, nos sorprende tomando altura hasta lo más alto de las montañas, para después hacer un disparatado recorrido por lo alto de toda la cordillera. Desde luego que nunca habría imaginado que ésta fuese la principal vía de comunicación con la capital... Así, lo que apenas eran 40 km., se convierten en hora y media de conducción por lugares bastante bonitos, con grandes vistas hacia la costa y el interior. Los adelantamientos estilo "albanés" se suceden con inusitada facilidad, al compás de las curvas de horquilla.



Vistas desde la carretera hacia Tirana

La entrada en Tirana es bastante caótica, el tráfico está bastante descontrolado y el pitido constante hace de semáforo, rotonda, stop y guardia de cruce, todo a la vez. Nos cuesta un poco encontrar el albergue donde habíamos reservado, aunque la búsqueda merece la pena porque es un lujo de lugar. Por la noche salimos a dar una vuelta, aunque dejaremos para el día siguiente un recorrido más detenido por la ciudad. Cenamos en una especie de marisquería italiana donde nos sacaron un poco de nuestro presupuesto, pero lo cierto es que no había mucho donde elegir. Allí vemos el final del Mundial de Basket, nada que hacer Turquía contra USA.

Desde nuestra habitación (¡de albergue!) en Tirana

3 de octubre de 2010

República de Macedonia, y Albania. Día 23 (Parte 1)

Día 23:

Ohrid es una turística villa macedonia situada a orillas del gigantesco lago del mismo nombre. Probablemente sea el primer nombre que salte a la palestra si hablamos de turismo en el país. Los primeros asentamientos en el lugar datan del neolítico, lo que se explica debido a su estratégica ubicación como encrucijada de caminos y culturas, paso natural entre el este y el oeste. El Lago Ohrid (mitad macedonio, mitad albano) es el más profundo de los Balcanes con casi 300 metros, y uno de los más antiguos del mundo. Aparte, es una maravilla digna de presenciar, con aguas claras y rodeado de montañas de 2.000 metros.

Vistas sobre el Lago Ohrid

Parte nueva de Ohrid, desde el Castillo
Tenemos toda la mañana para disfrutar de un largo paseo por el amplio casco antiguo de la villa. Recorremos su puerto, y algunas de sus pequeñas playas. Remontando una empinada cuesta, subimos desde la iglesia del s.XII de Sveti Jovan at Kaneo, hasta uno de los mejores monumentos religiosos de todo el país: la iglesia de San Pantaleimon (originaria del s. V). No obstante, para obtener las mejores vistas sobre el lago y la propia ciudad, debemos caminar algo más, hasta llegar al Castillo del Tsar Samuil (s. X). Encaramados en lo alto de sus muros, tenemos una panorámica fabulosa del lugar, sin duda lo mejor de nuestro paso por la República de Macedonia.


La frontera con Albania está cerca, apenas 20 minutos en coche. Los trámites allí no son demasiado espesos: otros 20 minutos. La entrada al país nos resultó ciertamente espectacular: un cambio radical de paisaje, ahora salpicado de decenas de búnkeres de todos los tamaños. Desoladas, abandonadas y de aspecto un tanto apocalíptico, estas pequeñas pero inexpugnables construcciones son la prueba visible del pánico vivido durante décadas en este país. El dictador Enver Hoxha hizo de Albania el último resquicio del estalinismo, y a finales de los años 60 sembró el país con 700.000 búnkeres ante la paranoia de que serían atacados de forma inminente. Un búnker por cada cuatro albaneses.

Búnker, con el Lago Ohrid al fondo

Hay un interesante artículo en http://www.cabovolo.com/ donde hablan sobre el tema: "En 1968 la invasión de Checoslovaquia por parte de los soviéticos hizo temer a Hoxha que Albania fuera la siguiente, lo cuál hizo que el ritmo de construcción de bunkers se acelerara. Según cuentan algunas fuentes, el primer prototipo de estos bunkers había sido finalizado en los 50, durante su presentación Hoxha preguntó al ingeniero en jefe si estaba seguro que resistiría el ataque de un tanque, este respondió que estaba "muy seguro". Entonces Hoxha le pidió que permaneciera dentro de su creación mientras un tanque bombardeaba el bunker.

 

En algunos se podía incluso entrar
Lamentablemente para la población cuerda de Albania, el ingeniero salió ileso tras el ataque y se procedió a la producción en serie de su invento. Estos bunkers eran de hormigón armado, pero eran a su vez móviles, con la intención que fueran fáciles de colocar con un helicóptero o grúa en un agujero excavado previamente. Los había de varios tipos: bunkers de playa, para una ametralladora, instalaciones navales submarinas, bunkers subterráneos para servir de almacén. Los más comunes eran los que tenían forma de seta y podían albergar una ametralladora o una pequeña pieza de artillería de hasta 75mm.



La invasión inminente podía provenir de cualquier frente y de cualquier enemigo, además de los enemigos en el lado comunista había que añadir los enemigos "tradicionales" occidentales. Así que los bunkers proliferaron por todo el país sin una estrategia clara de defensa. Albania, pese a ser un país pobre, dedicó una cantidad inmensa de recursos a su construcción, se calcula que para la construcción del típico bunker seta eran necesarias cinco toneladas de hormigón, mientras las carreteras se encontraban en un estado lamentable, así como muchos otros servicios."

Realmente curioso, y un tanto siniestro... Estuvimos un buen rato presenciando aquellas montañas llenas de búnkeres, una estampa tan extraña como inédita. No volvimos a ver tantos juntos en todo nuestro paso por Albania, tan sólo algunos de forma aislada, ahora usados como granero, almacén, pajar...

continúa....

Despidiéndonos del embriagador Lago Ohrid, on the road to Albania